Los borrachos del pupitre.
El alcohol ya entró en las aulas y nadie sabe muy bien qué hacer. Como siempre, cuando nadie sabe qué hacer, los que pagan son los chicos.
Docentes y directoras admiten no estar preparados. Los alumnos llegan cansados y violentos, y no rinden en el aula. Detectan la ausencia de los padres.
Los consultados aseguran que los casos no son excepcionales: chicos de 15 a 18 años que van sin dormir y alcoholizados al colegio, que faltan la jornada siguiente a una trasnochada durante la semana, que toman cerveza antes del contra turno (en general gimnasia). También toman en las horas libres, en el baile, en el boliche, en la “previa” en una casa, en la plaza o en la calle. Se duermen en clases. Salen todos los días de la semana, sin distinción.
También están las despedidas que se hacen durante el año, una vez por mes, que organizan los boliches. Y los bailes. “Cualquier día es bueno para salir. Hoy salen mucho, la escuela ya no es la actividad principal de muchos chicos”, cuenta Verónica, vise directora de una escuela pública de la ciudad.
La solución es, directora de un colegio público céntrico, asegura que en varias oportunidades llamaron al médico y al servicio de emergencias para atender a un alumno en estado de ebriedad. Y que no saben cómo manejar la situación. Tal vez por eso, la encuesta de Jóvenes Ciudadanos arroja que el 52 por ciento de los directivos consultados considera positivo que las escuelas usen alcoholímetros. Pero, claro, no todos coinciden.
Algunas de las argumentaciones de los alumnos: “Está bueno decir en el colegio: ‘Estoy chupado porque salí anoche y no dormí nada’. No tiene la misma onda que ir a dormir a tu casa”, cuenta Emiliano, alumno de 6° año de un colegio privado de la zona norte, mientras cinco chicos de su edad asienten.
El alcohol ya entró en las aulas y nadie sabe muy bien qué hacer. Como siempre, cuando nadie sabe qué hacer, los que pagan son los chicos.
Docentes y directoras admiten no estar preparados. Los alumnos llegan cansados y violentos, y no rinden en el aula. Detectan la ausencia de los padres.
Los consultados aseguran que los casos no son excepcionales: chicos de 15 a 18 años que van sin dormir y alcoholizados al colegio, que faltan la jornada siguiente a una trasnochada durante la semana, que toman cerveza antes del contra turno (en general gimnasia). También toman en las horas libres, en el baile, en el boliche, en la “previa” en una casa, en la plaza o en la calle. Se duermen en clases. Salen todos los días de la semana, sin distinción.
También están las despedidas que se hacen durante el año, una vez por mes, que organizan los boliches. Y los bailes. “Cualquier día es bueno para salir. Hoy salen mucho, la escuela ya no es la actividad principal de muchos chicos”, cuenta Verónica, vise directora de una escuela pública de la ciudad.
La solución es, directora de un colegio público céntrico, asegura que en varias oportunidades llamaron al médico y al servicio de emergencias para atender a un alumno en estado de ebriedad. Y que no saben cómo manejar la situación. Tal vez por eso, la encuesta de Jóvenes Ciudadanos arroja que el 52 por ciento de los directivos consultados considera positivo que las escuelas usen alcoholímetros. Pero, claro, no todos coinciden.
Algunas de las argumentaciones de los alumnos: “Está bueno decir en el colegio: ‘Estoy chupado porque salí anoche y no dormí nada’. No tiene la misma onda que ir a dormir a tu casa”, cuenta Emiliano, alumno de 6° año de un colegio privado de la zona norte, mientras cinco chicos de su edad asienten.
